El tren de madera
En el taller de carpintería del Centro de Instrucción de Marina todos procuraban pasar las horas lo mejor posible. Cada uno buscaba la forma de llevarse algo más que un miajón a la boca. No eran tiempos sencillos. Por aquella época el servicio militar duraba unos tres años y era obligatorio para todo hijo de vecino español. El jefe del Estado tomaba la leva en masa como la mejorvacuna para la juventud y el buen devenir del país. Al fin y al cabo era una mano de obra muy barata y muy obediente.

El recluta “Quini” andaba envolviendo en un papel de periódico algunos encargos para el Sargento de Cuartel; unas cuantas cuñas para evitar el cierre repentino de las puertas y un pequeño marco para colocar una fotografía familiar. Cuando acabó de hacer esto, leyó en un trozo sobrante que el Valencia C.F. había ganado la liga . Era primavera del año cuarenta y cuatro.
.
Quini era un joven carpintero de la ciudad, el cual tenía una habilidad especial para su trabajo. Estaba ya en su segundo año de mili y por aquel entonces eso le convertía en todo un veterano del acuartelamiento. Un día vino a visitarle el maestro de cocina y le propuso la siguiente cuestión:- ¿Tú podrías hacerle un juguete de madera a mi hijo? El año pasado no le pude regalar nada por su cumpleaños. No tengo dinero con que pagarte, pero si puedo decirte que te puedes olvidar del rancho y venirte después del toque para comer a la cocina. Entra por la puerta de detrás.
.
Quini aceptó el encargo de Julián (maestro de cocina). Todos los días, el maestro practicaba unos cortes a todos los filetes de los oficiales, los cuales estaban contados matemáticamente para que fuera proporcional a cada superior. Disciplina castrense.No sé proporcionaba más de lo necesario y válgame Dios que así era. Con los cortes que Julián practicaba disimuladamente podría comer sobradamente nuestro carpintero y Julián. Atrás quedaron las lentejas frías y ásperas, los cocidos malolientes y tener que apartar organismos vivos de lo que supuestamente era la comida.

Ahora el reto consistía en idear algo y rápidamente surgió. Tras varias semanas de dedicación y teniendo cuidado de no gastar más madera de la necesaria y con parte de los retales que supuestamente iban destinados a la caldera del Capitán de cuartel, Quini, logró hacer un pequeño tren. Un trenecito de madera perfectamente tallado consistentes en su locomotoraseguido dedos vagones,unodonde se transportaba lamadera de quemaryotro de pasajeros. Era una auténtica obra de arte. Lo único que faltaba era pintarlo.
Y para pintarlo, Quini, recurrió, como no, al gremio del acuartelamiento. Eficazmente se puso en contando con un tal Tomás el pintor,el cual aceptó el encargo, no si antes sugerir que le vendría muy bien unas pastillas para su constante dolor de cabeza. Y nuestro protagonista se las ingenió de la siguiente forma. Una vez dejado el trenecito en el taller de pintura. Anduvo hasta la enfermería en la cual lo único que se recetaba era cama y paños fríos, y no a todo el mundo.

El carpintero valiéndose de suinteligencia contacto con un prematuro recluta llamado Sebastián, un A.T.S gallego. Para ganarse la confianza de éste, en su primera conversación le obsequió con unas cuantas patatas sacadas de la cocina de Julián. Quinicamelóal A.T.S contándole que su mujer se encontraba al borde de la muerte y que si no conseguía un medicamento para el dolor de cabeza esta moriría inminentemente. Sebastián al ver lo buena persona que fue el carpintero al regalarle las patatas y al conmoverle la tan tristehistoria aceptó entregándole lo único que en las vitrinas había; una caja de antigripales.
.
Quini se apresuró hasta el taller de pintura, en donde sacó todas las pastillas antigripales y las metió en un frasco antiguo de puntillas quehabía sacadode la carpintería. Teniendo en cuenta el dicho de que lo que no mata engorda se lo entregó al pintor. Éste muy agradecido entregó el trenecito perfectamente pintado de muchos colores.
Ahora y una vez en taller de carpintería, nuestro recluta, encontró una cuerda de enrrollar diarios y la acopló al juguete. Ya estaba listo. Andó y le entregó al cocinero el trenecito y este casi lloró de felicidad estaba muy contento por fin tenía algo que regalarle a su hijo. Se apresuró en esconderlo rápidamente no fuese a que algún amigo de lo ajeno se lo arrebatase.
.
Llegó el Domingo, día de las visitas en el acuartelamiento. Julían se apresuró en sacar el regalo de donde lo tenía escondido. Era el día del cumpleaños de su hijo. Atravesó el patio de armas hasta llegar a la cantina con el tren debajo del brazo cuando justo en la entrada salió el Coronel Jefe del Acuartelamiento acompañado por el Capitán de Cuartel.

- Recluta Gómez (así se apellidaba Julián) exclamó el Capitán.
- A las órdenes de usía mi Coronel. ( Saludando al de mayor rango).
- ¿Que lleva usted debajo del brazo?.
Respondiendo Julián: - Es un tren. Un tren de madera.
Marchándose el Coronel varios metros comentó el Capitán:
- Este regalo le vendría muy bien a un sobrino que tengo y usted como se habrá dado cuenta no me ha saludado debidamente.
- Pero... Replicó Julían.
- Ni pero ni ostias. ¿Quieres estartres meses arrestado? ¿O indefinidamente? Esto (el juguete) será para mi sobrino. Arrebatándoselo de un movimiento y sentenciando que diera gracias de que lo había cogido en un día benevolente.
Julián sollozando sus ojos caminó desconsolado. No sabía que hacer tras este vil y cruel robo con intimidación. Ahora que le iba a decir a su hijo. No podía volver con las manos vacías. No había consuelo en su corazón.
.
Quini vio a Julián y por su gesto de resignación y sus exclamaciones mal dichas imaginaba lo que habría ocurrido. Se dirigió hacía él y le dijo: No te preocupes. Tengo la solución. Regresando más tarde con varios pedazos de madera de distinta forma los cuales estaban preparados para la caldera del Capitán. Mira este será el regalo de tu hijo. Esto aunque no lo parezca es un puzzle con el puede hacer torres, figuras y cientos de cosas que pueda imaginar. Dáselo a tu hijo, seguro que te lo agradecerá. Y así procedió Julián pudiendo celebrar de ésta forma el cumpleaños de su hijo.
Moraleja: No importa cuanto nos roben,cuanto nos quiten o nos dejen de dar, el ingenio y la imaginación sólo pertenece a los que la tienen.


crepuzculo dijo
Hoy me ha dado por escribir esta historia que me contó mi abuelo. Espero que al menos la lea alguien.
11 Julio 2007 | 12:05 AM