Estando sentando en la barra de algún bar, pasó delante de mi una persona con la que una noche compartí algo especial. Ella me miró y su mirada fue devuelta. Las palabras callaron. Los gestos desaparecieron. Se fue. Paso de largo y no tropezó. Tampoco lo quise.

Fueron muchos los recuerdos que en ese instante inundaron mi mente. Dudé por unos segundos si realmente era ella. Aquella propietaria de un términal móvil al que tanto me dirigí. Los mensajes quisieron decir mucho y ahora ya no dicen nada. Nunca hubo tiempo. Estuvo demasiado ocupada. Siempre estaba trabajando. Un camino lleno de buenas intenciones con demasiados cruces. Desistí. Me cansé. Jamás volví a saber nada de ella hasta el día de hoy. Siempre desee saber más y más. No me lo permitió. Incluso a un mal vecino le digo "Hola" cuando coindido con él. Por el contrario, a ese cuerpo, mis labios que atareados en grandes menesteres en otro tiempo, ahorraron fuerzas en aquel instante. No salío nada de ellos. Callé.

Me quedo con el momento de la lejanía. El momento en que la conocí. En el que pude abrazarla. En el que nos reimos juntos tendidos en el suelo. Hoy todo eso ha pasado. No queda nada. Mejor que sea así. La línea no debía de ser traspasada. Romper barreras es algo que se me da muy mal y más aún cuando las colocan arbitrariamente.

Mentalmente le deseo que todo le vaya bien. Que siga siendo tan preciosa como ella es o al menoscomo lofué en mi momento.