80 céntimos ZP
80 céntimos. ZP
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El cielo estaba despejado. Hacía muy buen día. Mis andares por uno de los lugares más bonitos que jamás había visto antes, eran seguidos fielmente desde los cielos por un manto celeste que cubría todos los horizontes. No hacía frío, pero tampoco sentía mucha calor. Andaba por unas calles muy estrechas que los ciudadanos del lugar llamaban el "Casco Antiguo". Según me comentó un vecino, al cual paré para preguntarle en que calle me encontraba, estaba en la ciudad más antigua de occidente. Al mirar una de las esquinas del barrio me dí cuenta de que estaba en la calle Lubet. Estaba un poco sediento. Normal al haber recorrido varios kilómetros por diferentes barrios de la zona. Cada uno de estos barrios me quitó parte del aliento.

Estuve en el aquel lugar tan florido y alegre donde algunos tenderos, cada uno en una tienda asemejada a un invernadero, alrededor de una estatua, vendían los más bellos tributos que da la tierra. Se trataba de la Plaza Topete. También visité la Catedral, e hize una incursión en su barrio más medieval. No es que el lugar fuese muy amplio, ni tampoco muy afamado. Pero el buen trato de sus gentes y la sonrisa que irradiaban contagiaba a mi espíritu de sus buenas voluntades.
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Después de esté lapsus recordando los lugares en los que había estado. Me dispuse a entrar en un lugar llamado Bar los Claveles.
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No era una cafetería turística. Precisamente no la habían inagurado aquel día. Bastantes kilómetros parecían tener sus clientes más habituales. Algún que otro año parecía tener el mobiliario que estaba en él. Tenía mucho encanto. Me sentía seguro en aquel lugar. Estaba en una parte de mi casa donde nunca antes había entrado. Había un señor sentado en una de sus mesas. Tenía muchos papeles a su alrededor, y aunque parecía tranquilo se le veía algo estresado. No paraba de apuntar cosas en una de sus libretas. Supuse rápidamente que aquel hombre no era autóctono del lugar.

"Un café con mucha leche y poco café, por favor buen hombre" no es la manera correcta de pedir un café en estos entonos. Aquí se diría; "un café manchao y que esté calentito". El caso es que el hombre, el cual iba muy trajeado, pagó con una moneda de un euro, y el camarero le devolvió veintecéntimos. Ochentacéntimos fue el coste de su transacción para obtener su desayuno menor. En breve este elegante hombre de nariz algo pronunciada y de aspecto un pelín cómico se marcho del lugar. Me recordaba a algún personaje famoso. Sería de alguna comedia o quizás hubiese estado en algún concurso. Lo desconocía. Sentía ganas de echarme una foto con él. Pero mi cámara había sido derrotada por la escasez de potencia delas baterías. Seguí sintiendo curiosidad por aquel tipo.
Días después, tumbado en mi sofá, mientras cambiaba efusivamente de canal, me paré en una cadena curiosamente en el instante en que un interlocutor decía: ¿Sabe lo que vale un café en la calle? De repente ví como el personaje que estaba tomandoel desayunoen el mismo local que yo salía por televisión. ¡Sabía que era famoso! Éste respondió: "Claro que sí, ochenta céntimos"...Cambié de canal y me marché a dormir.
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Al día siguiente en todas las portadas de los diarios salía la Noticia de: "El señor presidente del Gobierno manifiesta que el café en España está a ochenta céntimos". El diario seguía revindicando esta noticia haciendo algo burlesca ésta declaración. No sé de que se ríen. Y porque critican tanto.Yo tomé café con él y a los dos nos cobraron lo mismo.
Aquí está la prueba de mi relato:

YOYA dijo
Mi querido viajero....
Cuántos pensamientos en un mismo lugar.....no has cambiado nada, o si, tal vez sí, tal vez aquel chico tímido que conocí en la pubertad cambió, quizás tras esa tez morena siga latiendo el mismo ser que conocí un día de verano....yo creo que sigue ahí.
Él no escribía para el mundo, tenía su propio resquicio de vida, con eso le bastaba.
Él no sobresalía, no resaltaba, ¿porqué hacerlo, verdad? "La vida es una película"....recuerdo aquella frase en la playa, resumía tu mundo.
Jamás le veías alterarse, ni porque una traviesa persona le quitara un zapato, tenía sus sueños, sus ilusiones, diferentes del mundo, era tu mundo.
Un día... ya mi gran amigo no estaba. En ocasiones pasan cosas que no logramos entender, pero el tiempo lo cura todo, todo pasa y al final recuerdas todo lo bueno que viviste, lo afable, lo gracioso que era, o lo felíz que te hizo. Maduras...pasa el tiempo.....
Una mañana hace mucho tiempo quise resumir todas las cosas felices que había vivido, porque la vida asesta golpes que te hacen recopilar esos trozos de tu vida. Los reuní, los até y me aferré a ellos para esperar más en mi futuro. Entonces llega el azar, el destino, o esa ciudad que es tan chica, y encuentras de nuevo a ese chico afable, que tanto te hacía reir y que tantas trampas hacía a las cartas.
Ya no eramos los mismos, ni yo ni él. Pero en el fondo sí lo eramos. Tú esencia no cambió, solo es más fácil verla...
En ese saquito de cosas que guardaba, mi "saquito de cosas felices", estaba él. Jamás le guardé rencor, ni ira, ni un solo pensamiento negativo, cómo odiar a alguien a quien se quiso tanto??Para mi siempre es imposible.
Quizás no pienses que estabas en mi saquito de cosas felices, pero créeme que lo estás. Una vez fuiste importante en mi vida, hace mucho, si...amor de juventud, pero eso nada tiene que ver.
Mirate al espejo, y piensa que no hay porqué a los diálogos a una pared, habla para quien realmente quiera escucharte, no estás tan lejos de ser como Juan, ni estás tan sólo como piensas. Para qué tener a tu lado algo parecido a un maniquí, o una piedra, una roca o una pared. Las personas nos merecemos ser felices y tú también.
Sigue escribiendo, mantengo mi idea.....siempre has escrito mejor que yo, solo que yo tenía más cara que tú.
Un millón de besos compañero de viaje, ya sabes...lo que te digo siempre, cuidate e intenta ser felíz el máximo tiempo posible, porque realmente es lo que nos queda en la vida...
YOYA
29 Marzo 2007 | 08:10 PM