Sólo escucho quejas.
Dentro de mi solo escucho quejas.

Conocí a Juan. Para Juan el silencio es el retrato de unas figuras de plástico expuestas en un escaparate a la vista de todos y de la nada. Parece Italiano. No lo es. El único sonido que percibe es el de los latidos de su corazón. Juan es buena persona. Juan es sordo. Intento por un segundo intentar sentir lo que él siente. No lo sé. Desconozco si llegaré a saberlo. Me enseña fotos en su móvil de la que fue su ex-novia.
Me lee los labios. Habla con voz bravía y cortada. Le indico que baje la voz. ¿Qué pudo sentir él?, pienso. Tiene un pensamiento independiente.
Está aislado de todos nosotros. Ideas simples pero claras. Es un pintor. Es un artista. Me comenta algo sobre la Constitución de 1812. Me da igual. Lo escucho porque tengo curiosidad de saber como sobrevive. Le veo feliz. Vuelvo a pensar en la joven de cuerpo perfecto. Me siento un desgraciado. Imagino que nada de lo que haga puede hacer que llame su atención. No sé como es. Pero mi mente vuelve a imaginar su interior totalmente análogo con su exterior. Es la mujer. Es todo lo que yo querría en la vida. Tras su conquista podría morirme. Podría caer en el olvido. Apenas importaría. El logro de tal hazaña lo compensaría. Que guapa es. Todas sus líneas, todo su contorno, me parecen geométricamente divinas. ¿Quién gozará de la suerte de conquistar su alma? Me cuestiono porque no puedo ser yo. Tengo la respuesta. Yo no soy perfecto. Sólo soy una persona que a las 7.47 de la mañana de un domingo cualquiera se pone a componer frases sin sentido para intentar consolarse. Intentaré seguir leyendo todos aquellos libros de autoayuda. Esos libros que me dicen que yo soy el mejor, que tengo que pensar en mí, que yo estoy por encima de todo, que no me hace falta a nadie para completarme. Tengo envida. Envidio. Nadie pregunta por mí. Observo una pareja andando por la calle son las 23.30. Mi mirada se clava en la joven mujer. Sus rubios cabellos deslumbran el camino a casa. No tendrá más de veinte años. Si fuera Dios pensaría que uno de mis ángeles a vuelto a la tierra sin mi permiso. Ahora lo miro a él. Adivino su edad. Aún no cumplió dos décadas. No es bien parecido. No viste bien. No anda bien. La lleva de la mano. Anhelo ese instante en que yo tenía su edad. Que haría yo por aquel entonces. Tan sólo recuerdo una mentira. Sigo con mi envidia. Al doblar la esquina, ésta desaparece, se marcha con la pareja de amantes. Me siento sólo. Estoy triste. Pienso en Juan. Desearía saber cual fue la solución que él le dio a ese tipo de problemas. Él es normal. No es perfecto. No es tan feo como el chico de la pareja. Le cuesta comunicarse. Está. Dura. Sigue. Le admiro.


films dijo
Bonito si señor yo tambien querría conocerlo
11 Marzo 2007 | 10:59 PM